Este verano decidí tomar unas vacaciones más largas de lo normal, en parte por
una certificación que debía terminar en Turín. Regresé con la cabeza despejada,
con más ganas de trabajar, más rápida que de costumbre y con muchas nuevas
ideas para aplicar en mis proyectos.
A pesar de los grandes beneficios que tiene descansar, me es muy difícil tomar
varios días de vacaciones. Argumento que tengo múltiples pendientes o
conversaciones que abrirán nuevos proyectos y que no me puedo perder… y eso
que «soy mi propia jefa». ¿Qué será de quienes trabajan en un ambiente
“trabajólico” que desaliente aún más las vacaciones?
En México, las personas trabajadoras en la formalidad tienen derecho a un mínimo
de 12 días de vacaciones pagadas al cumplir el primer año laboral —el doble que
hace dos años, gracias a la reforma de 2023—. Sin embargo, en promedio, las
personas colaboradoras solo toman cuatro días, según un estudio reciente de Buk.
En nuestro país seguimos ligando la productividad a las horas trabajadas y a la
disponibilidad, sin enfocarnos en los resultados que se alcanzan durante el tiempo
trabajado.
Esta visión influye tanto en las personas como en las organizaciones, y ya se
refleja en agotamiento y ansiedad generalizada. De acuerdo con el Mind Health
Report 2026 de AXA, 62% de las personas trabajadoras en México reporta estrés
moderado a severo en su vida profesional durante el último año, cinco puntos más
que en la medición anterior. La mayoría de ellas lo relacionan con al menos un
síntoma concreto como que duermen peor, les cuesta trabajo concentrarse o
rinden menos.
Hay que destacar que, según el reporte de AXA, quienes están a cargo de equipos
son más propensos a vivir este tipo de estrés.
Entonces, la pregunta es qué hacer dentro de las empresas para frenar esta
tendencia que está drenando al capital humano. Y una de las respuestas está en
aprovechar el verano en la medida de lo posible e impulsar que nuestros equipos
también lo hagan.
Si queremos personas más sanas y capaces de dar lo mejor de sí, es clave
modelar la importancia del descanso al tomar los días de vacaciones,
desconectarse de verdad y construir una cultura que aliente las pausas. No sirve
de nada decir que la empresa da las prestaciones de Ley —como los 12 días— si
las y los líderes o el área de Recursos Humanos ponen mala cara cuando alguien
los pide.

Descansar no es un privilegio, y mucho menos debe ser exclusivo de los mandos
medios y altos.
Inclusión también es entender que cualquier persona colaboradora necesita
descansar para rendir mejor, que su valor dentro del equipo jamás disminuye por
usar una prestación que ya le pertenece, y que casi siempre hay forma de
acomodar las tareas de todos para que la empresa no se detenga.
Este tipo de prácticas, aunque parezcan informales, son las que terminan
construyendo empresas más inclusivas, más atractivas para el talento y más
competitivas.