Ya llenamos las quinielas y vamos avanzados con el álbum de Panini. Ya nos sabemos de memoria los grupos, los horarios y los rivales favoritos. Es probable que también tengamos planes para ver la inauguración el 11 de junio, a la cual se apuntan hasta quienes como yo no son fanáticos del fútbol.

El Mundial ya prácticamente llegó a México y con él llegó también esa sensación colectiva de que todo va bien. Caray, somos anfitriones del mundo, así que nos merecemos algo grande.

La pasión futbolera es legítima y muy mexicana. Sin embargo, hay que reconocer que nos distrae de una coyuntura económica, política y social compleja en la que nuestro país se está jugando mucho más que un trofeo.

Mientras debatimos si Francia es mejor que Portugal (los favoritos de mis hijos, porque yo solo sé lo básico gracias a ellos), el 2 de junio la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se movilizó para subirle el tono a las protestas en la capital que llevan más de 10 días. Con este motivo se cerró Circuito Interior, se intentó tomar el “Zócalo que no es de la FIFA, sino del pueblo” y se destruyeron estatuas con motivos del Mundial. Piden pensiones dignas, mejores salarios y escuelas que no se caigan. Algo legítimo que han exigido desde hace muchísimo tiempo, pero que sigue sin ser resuelto y se explota en momentos estratégicos para paralizar, en esta ocasión, a la sede de la inauguración.

Por su parte, en Washington se negocia silenciosamente la revisión del T-MEC. Estados Unidos quiere que el 50% del contenido automotriz sea fabricado en su territorio y plantea exigir salarios de 16 dólares por hora en nuestra manufactura. Demandas que podrían tener implicaciones serias para la economía mexicana. La segunda ronda de negociaciones es el 16 de junio, excelente timing para que pocas personas cuestionen este tema tan técnico.

Y en la Ciudad de México, Clara Brugada presentó un Portal de Transparencia para presumirle al mundo que la capital es moderna y capaz. Más de 23 mil millones de pesos invertidos en 2,241 obras. Sin embargo, a días del partido inaugural, las líneas 0 y 14 del Trolebús siguen sin concluir, hay obras abiertas alrededor del estadio y el Parque Elevado de Tlalpan arrancó con la pintura todavía fresca. Pareciera que esta es la foto auténtica de cómo se resuelven las cosas aquí: “por encimita” y con prisas.

Y la lista de temas sigue: inseguridad que afecta más en unos territorios que en otros, infiltración del crimen organizado, escándalos de corrupción manejados de forma cínica, pretextos para modificar las leyes electorales a modo…, pero el 11 habrá un partidazo donde seguro ganamos.

Cada año que pasa, México refuerza un talento extraordinario para construir narrativas que sustituyen realidades. El Mundial es la versión más vistosa y reciente de dicha capacidad.

El torneo dura un mes y las quinielas se ganan (o se pierden) en el mismo tiempo. Sin embargo, las implicaciones de la revisión del T-MEC, las protestas de maestros, el Metro que se cae a pedazos, la inseguridad, los escándalos de corrupción, el estado de derecho que se erosiona cada vez más… son problemas que no tienen fecha de caducidad y que comprometen la posibilidad de que nuestra economía crezca y mejore la posición de las familias.

Gocemos el fútbol, pero abramos los ojos. Cuando se apaguen las pantallas y nos enteremos de quién ganó la quiniela en la oficina, México va a seguir siendo el mismo país que era antes del silbatazo inicial. Un país que merece mucho más que una actuación en cámara con preguntas depuradas.