La inteligencia artificial promete revolucionar prácticamente todo nuestro entorno: desde cómo organizamos la casa y resolvemos dudas cotidianas, hasta la economía y los empleos del futuro. Sin embargo, si esta tendencia avanza sin conciencia de inclusión, corre el riesgo de dejar fuera al talento de las mujeres. Y, spoiler, esta conciencia arranca desde el hogar.

En México, solo 15% de las poco más de 900 mil personas empleadas en ocupaciones de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son mujeres, de acuerdo con un estudio reciente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Las TIC comprenden herramientas utilizadas para crear, almacenar, compartir y procesar información, lo que es crucial en el diseño y uso de la inteligencia artificial.

La subrepresentación de las mujeres en estas áreas no se debe a una falta de habilidades biológica, sino a estereotipos que se materializan en la elección de carrera y se amplían en el mercado laboral. El mismo estudio muestra que, por cada mujer egresada de una carrera de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) —que suele ser la puerta de entrada a ocupaciones TIC— hay dos hombres. Más adelante, esa brecha se triplica y por cada mujer empleada en TIC hay seis hombres.

Cerrar estas brechas estructurales requiere intervenir en muchos puntos del pipeline de talento. Esto incluye desde que arranca el proceso de aprendizaje y desarrollo de las personas cuando nacen.

Entonces, la pregunta para quienes criamos y convivimos con niñas es ¿qué podemos hacer? Ahí van algunos tips concretos según su etapa de desarrollo.

De los cero a los seis años, el objetivo es que las infancias asocien la ciencia y la tecnología con curiosidad, juego y pertenencia, no con la idea de “genios” solitarios ni con hombres. Para esto hay que promover juguetes abiertos que desarrollen habilidades como la lógica espacial o la resolución de problemas —rompecabezas o bloques—, contar historias de mujeres y hombres en la ciencia sin reforzar el sexo del personaje principal, y cuidar el lenguaje cotidiano para evitar frases que refuercen estereotipos o la idea de que “esto es muy difícil”.

Entre los seis y los 12 años, el reto es sostener el interés y evitar la llamada “autoselección”, cuando muchas niñas se alejan de las matemáticas, la ciencia o la tecnología incluso cuando se les facilita o les gusta. En casa podemos normalizar el error como parte del aprendizaje, fomentar la experimentación con actividades STEM —desde experimentos caseros hasta clases extracurriculares de programación o robótica— y explotar ejemplos de la cultura popular. Una opción es ver películas que cuentan historias de mujeres en la ciencia, como Talentos Ocultos o Un Don Excepcional, para ampliar el imaginario de lo posible.

Durante la adolescencia, de los 12 a los 18 años, el foco debe estar en fortalecer la confianza y conectar intereses con opciones profesionales. En esta etapa, vale la pena hablar abiertamente de las brechas de confianza que tradicionalmente se han abierto entre hombres y mujeres, así como buscar estrategias para contrarrestarlas. También es clave orientar decisiones académicas con información clara sobre trayectorias profesionales (chequen Compara Carreras del IMCO) y facilitar conversaciones con mujeres en áreas donde históricamente han estado subrepresentadas. Asimismo, las redes sociales, bien usadas, también pueden ser aliadas si se acercan referentes que rompan estereotipos, como @anaqueenmaker, @hijasdeinternet o @mamamecanic.

La tecnología que está transformando al mundo no es neutral al género. Si queremos que esta revolución sea incluyente, necesitamos actuar mucho antes de que las decisiones profesionales estén sobre la mesa. Todas y todos podemos poner nuestro granito de arena desde casa para cerrar brechas entre mujeres y hombres que son profundas y persistentes.