Imagina esta escena. Un día llegas a la sala de descanso y ves a varias personas riendo, pegadas al celular. Te acercas y, de repente, el silencio. No sabes de qué reían, pero algo te dice que no era nada bueno.

Minutos después descubres que alguien hizo un sticker con una foto tuya haciendo una cara espantosa y lo compartió por el chat de la oficina. Te da pena. Sabes quién fue y quieres llorar, porque no es la primera vez que te molestan así.

Lo que no sabes es qué hacer.

Te preguntas si esto es normal, si en todas las empresas "se llevan pesado". Quisieras consultar con alguien, pero no sabes con quién. Tampoco quieres hacer una alharaca, porque no estás segura de que sea tan grave, y menos quieres que se la tomen contra ti.

La respuesta a las dudas de esta persona, en teoría, deben resolverse a través del Protocolo de Prevención y Atención de Violencia Laboral y Discriminación. El problema es que muchas personas no saben que existe, y muchas empresas tampoco saben que están obligadas a tenerlo.

Desde 2019, la Ley Federal del Trabajo (artículo 132) establece que todos los empleadores deben contar con este Protocolo. No es una recomendación ni una buena práctica, es una obligación legal con posibles sanciones. Y a partir de enero de 2026, la vara subió, puesto que ahora también es obligatorio capacitar al personal en el tema y fomentar activamente un entorno laboral seguro.

En otras palabras, ya no basta con tener el documento, sino también hay que poder demostrar que funciona.

Que muchas empresas no lo tengan, o lo tengan guardado en la intranet sin que nadie lo conozca, no siempre es mala voluntad. Con frecuencia es falta de información. Pero esa brecha tiene consecuencias reales tanto para las personas que trabajan ahí, como para la propia organización que hoy enfrenta un marco legal más exigente y que podría favorecer su negocio con un ambiente laboral más seguro e inclusivo.

Por eso esta columna es una invitación a adelantarse. Si trabajas en Dirección, en Recursos Humanos, en Sostenibilidad, o simplemente eres alguien que quiere que su lugar de trabajo sea mejor, hay tres preguntas que vale la pena hacerse hoy:

  • ¿Tu empresa tiene un protocolo de prevención de violencia laboral y discriminación?
  • ¿Sabes dónde está y qué dice?
  • ¿Sabe tu equipo a quién acudir si algo pasa, incluso cuando "no parece tan grave"?

Si no puedes responder las tres con seguridad, ya sabes por dónde empezar.

No tener protocolo es un riesgo. Tenerlo y que nadie lo conozca también lo es, porque crea una falsa sensación de cumplimiento. El entorno laboral seguro no se construye con documentos archivados, se construye con sistemas que la gente conoce, en los que confía, que sabe usar y que favorecen a cualquier persona de la plantilla laboral.

En las próximas columnas veremos qué significa que un protocolo realmente funcione, y qué puede hacer cualquier persona —con o sin presupuesto— para que eso ocurra en su lugar de trabajo.