En medio del circo que armó la SEP al anunciar el recorte anticipado del ciclo escolar, y luego desdecirse tras una plenaria de emergencia, Mario Delgado dijo en palabras textuales “es injusto que las empresas pretendan que el aula resuelva su falta de flexibilidad laboral.”

Lo dijo como un regaño al sector privado que denota no saber lo que implica tener un negocio que cubra la nómina. Además, nos dejó claro que esta Administración –que menciona constantemente la necesidad de un “sistema de cuidados”– ignora por completo lo que implican las vacaciones para miles de familias trabajadoras que se las arreglan como pueden para cubrir varias semanas sin estructura escolar.

A quienes tenemos hijas e hijos se nos pasó el susto el lunes por la tarde, nuestras infancias solo tendrán los típicos dos meses a los que están acostumbradas. Un periodo que supera con creces el número de días de vacaciones a los que tiene derecho una persona empleada.

Las vacaciones inciden en el desempeño laboral de las madres y padres. Por ejemplo, quienes no encuentran con quién dejar a sus hijas e hijos llegan tarde, están preocupados por lo que su rendimiento cae y, en el peor de los casos, faltan a trabajar o renuncian. Todo esto genera costos y pérdidas de productividad.

Esta es una realidad que llega año con año, por lo que sugiero aprovechar el sentimiento que nos trajo esta coyuntura para preguntarnos, qué podrían hacer las empresas para amortiguar el periodo vacacional.

La respuesta apunta a trajes a la medida diseñadas desde cada empresa con creatividad, sensibilidad y un diagnóstico honesto de cada realidad laboral. No existe una receta única, pero sí hay puntos de partida accesibles.

Mi primera recomendación es que tanto el área de Recursos Humanos, como el resto del liderazgo, reconozca que las vacaciones alteran las dinámicas familiares. Ante lo sucedido, los altos mandos pueden mandar un comunicado interno que genere empatía. Después, vale la pena abrir conversaciones con el personal para saber cómo se adapta en este periodo y obtener información de qué podría hacer la empresa para que sea más llevadero.

Con esa información, se puede armar un plan. Para empresas con poco margen presupuestal, hay opciones de bajo costo. Por ejemplo, ajustar horarios de entrada o salida, aunque sea media hora, reorganizar turnos o habilitar un grupo de WhatsApp donde el personal se comunique con este fin como quién conoce una estancia, quién puede llevar a niñas y niños juntos, qué talleres gratuitos hay en la colonia, etc.

Para organizaciones con mayor capacidad, se puede ir más lejos. Una idea es identificar espacios libres para ofrecer actividades supervisadas durante la jornada laboral, donde las hijas e hijos en edad escolar estén bien cuidados y aprendan algo útil. Talleres de deporte, carpintería, ciencia, cocina, teatro… las opciones sobran y hasta se pueden alinear a la agenda de responsabilidad social que lleve cada centro de trabajo.

Ninguna empresa tiene la obligación de hacer esto. Sin embargo, tiene el potencial de convertir un problema recurrente en una ventaja para ser mucho más atractiva para su plantilla laboral.

Mario Delgado tiene razón en que las escuelas juegan un rol de cuidados que va más allá de la educación. La diferencia es que él lo dijo como crítica, yo lo digo como una oportunidad. Mientras el sector público ignora la situación de forma deliberada, las empresas que reconozcan este desafío y decidan actuar estratégicamente tendrán una ventaja económica sobre su negocio y su competencia.